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Miedo

Si duele no me llames, seguramente ya habré salido corriendo en defensa propia, no por no poder ponerle nombre a esto pero tampoco pretendiste hacerlo, ni   con los sentimientos. No sé si llamarlo ingenuidad o cobardía. Llevo unas noches repitiendo “te dije” no por vos, sino por mí. Soy sincera tengo el corazón tan roto que cuando bailo se escuchan caer cristales y no es culpa tuya, llegaste con la intensidad de un mar inmenso para mi desierto de isla, y con cada ola erosionaste los bordes de cada trozo. Sigue doliendo el cristal, pero vuelvo a ser desierto y sé, que quedarse es tentar a la suerte del que pone en las cartas la decisión de su propio destino, y seré más honesta, ya no hay más cristales qué romper y si caigo ya no podré reinventarme. Entonces prefiero quedarme conmigo en mis circunstancias. Pero aun así me hubiese gustado que me pares.

El precio del olvido

Esto es lo que queda y si dudas puedo hablar de vos en pasado. No sé si llamarlo inteligencia o cobardía pero me siento en la cima de la montaña y si no llegaba a borrarlo no sería capaz de ver este paisaje que me lleva a un futuro que me apasiona. Te recuerdo como una cicatriz que desaparece en mi piel, no busco mirar al espejo retrovisor, no porque tenga miedo, sino porque no siento la necesidad de volver a sentirte. Ya me llegas en color sepia, difuminado en nitidez. Ya no escucho el sonido de los cristales rotos cuando bailo, ahora ya no. Quizás sea demasiado pronto, demasiado rápido pero veo una sonrisa que me está abriendo un futuro distinto.   En el que ya no estás. ¿Es esto la felicidad? Creo que ya no existe la posibilidad de caída, ya no siento vértigo. Ya no tengo miedo.

Era una isla que hasta hoy no quería ser encontrada, ni querida, ni liberada.

He deseado tan fuerte, como también he perdido interés en cosas realmente importantes. La angustia está a flor de piel y tengo tantas ganas de gritar que mis cuerdas vocales ya sangran del ahogo, del dolor de una mente y unos pulmones que no quieren descansar. Finjo estar ocupada, y es agonizante. No encuentro otra manera de sobrevivir si no es ahogando todo lo que habita en mí. Quisiera escapar de esta tormenta, calmar el viento y las olas que arrasan con cada centímetro de mis deseos y quienes graban el "no puedo" en la punta de mi lengua. Siento desear tan fuerte que arrasaría ciudades y provocaría terremotos. Pero me siento en una encrucijada en donde mi única salida implica volar. Y no puedo. ¿Cuándo dejaré de ser una isla?

Alguna historia que pudo ser de amor.

Lo que nos mató no fue la rutina, ni la erosión del amor porque había amor, yo sé muy bien que había amor. No fue tu mirada superficial despreocupado de los detalles que yo vislumbraba con la intención de reafirmar un tipo de ternura que sólo después descubrí que era sólo mía. Ni la falta de ganas de estar cerca, de estar uno encima del otro. Tampoco nos mataron los demás, ni mis preocupaciones en exceso, no sé cómo explicar. Siempre nos abrazabamos con ese calorcito de la necesidad que se transmitía en nuestras miradas, la necesidad de uno y del otro. Nos sentíamos con tantas ganas al tacto que no nos alcanzaba, pero aun así cuidábamos lo posiblemente frágil de eso. Quizás solo nos entendíamos con las luces apagadas y ya no era suficiente para mí. Lo probé de todos modos. Lo probamos. Y me hiciste mucha falta, quizás eso fue lo que nos terminó de matar: Las cosas que no nos dijimos, las exclamaciones de más que yo exigía y el silencio que seguía después... esa fue la respuesta. Las e...

Moretones bajo la piel

Hay muchos baches en el camino, pero también hay lagunas que la cortan, el césped está seco. Cómo seguir si no sabes cómo, cómo seguir si no hay esperanzas. Cómo seguir si ya no distingo el color de sus ojos. Cómo seguir si hay miedo. Pocos saben sobre las lagunas de la mente. Nadie conoce los moretones que están bajo la piel, esas que nadie ve. Entiendo, nadie me va a salvar. Pero a veces las lágrimas no alcanzan,   aunque a veces en el charco también se ve reflejado el cielo . La respiración se corta, y no fluye se estanca como el agua de mis ojos, como la fuente que no funciona, aquella que está bajo la sombre de un sol  que no sale desde que el otoño se apodero de mis palpitos. A veces no puedo fluir, a veces no puedo seguir. A veces quiero apoyarme sobre alguien, pero a veces quiero encerrarme en mí.  Y entonces,   sólo a veces, soy el desierto.  Sálvenme,  no soy tan fuerte...

¿Qué sabemos nosotros? ¿Qué vas a saber vos?

No conocemos lo bueno hasta que nos toca de cerca, ni siquiera lo malo hasta que nos vuelve a tocar lo peor. Recuerdo que pense que la falta es lo que nos hace únicos, el foco de atención. ¿Qué sabemos nosotros lo que los ojos del otro nos piden a gritos? ¿Qué sabemos nosotros de lo que sienten los demás? Qué sabemos nosotros… Había comenzado un día liviano, y no me sentía tan culpable, quería que esto funcionara pero arriesgar también implica no saber qué quiere el otro e intentarlo de igual forma, esa parte es la que me olvide. Tenía tanto miedo a fallar otra vez que me olvide la parte del- intentar-. Quería que esto funcionara. Quería volver a creer en el amor verdadero y sincero. Pero el miedo a veces nos paraliza o queremos huir, esto es lo que yo hice. Hui. Y eso es lo que vos hiciste: correr en la dirección contraria como quien es siempre indiferente. No sé si a veces soy la loca que todavía cree en el amor de verdad o la perra asustada que quiere correr cuando la ...

Sola

No es que lo necesite pero, quiero sentirme acompañada. ¿Dónde estas?