Alguna historia que pudo ser de amor.
Lo que nos mató no fue la rutina, ni la erosión del amor porque había amor, yo sé muy bien que había amor. No fue tu mirada superficial despreocupado de los detalles que yo vislumbraba con la intención de reafirmar un tipo de ternura que sólo después descubrí que era sólo mía. Ni la falta de ganas de estar cerca, de estar uno encima del otro. Tampoco nos mataron los demás, ni mis preocupaciones en exceso, no sé cómo explicar. Siempre nos abrazabamos con ese calorcito de la necesidad que se transmitía en nuestras miradas, la necesidad de uno y del otro. Nos sentíamos con tantas ganas al tacto que no nos alcanzaba, pero aun así cuidábamos lo posiblemente frágil de eso. Quizás solo nos entendíamos con las luces apagadas y ya no era suficiente para mí. Lo probé de todos modos. Lo probamos. Y me hiciste mucha falta, quizás eso fue lo que nos terminó de matar: Las cosas que no nos dijimos, las exclamaciones de más que yo exigía y el silencio que seguía después... esa fue la respuesta. Las exclamaciones que no hiciste o que no te importaban, no sé. Pero yo volvía con más silencios y eso dolió más que el peso de las palabras.
Elegimos la batalla o lo abandonamos a tiempo leí por ahí. Vos lo abandonaste
Y aunque no lo creas yo batallé contra mis fantasmas de la única forma que sabía y nunca supiste.
Volví desangrada.
Rota una vez más.
Pero al menos, aprendí a quererte
más de lo que alguna vez
pude imaginar.
Elegimos la batalla o lo abandonamos a tiempo leí por ahí. Vos lo abandonaste
Y aunque no lo creas yo batallé contra mis fantasmas de la única forma que sabía y nunca supiste.
Volví desangrada.
Rota una vez más.
Pero al menos, aprendí a quererte
más de lo que alguna vez
pude imaginar.
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