Era una isla que hasta hoy no quería ser encontrada, ni querida, ni liberada.

He deseado tan fuerte, como también he perdido interés en cosas realmente importantes.
La angustia está a flor de piel y tengo tantas ganas de gritar que mis cuerdas vocales ya sangran del ahogo, del dolor de una mente y unos pulmones que no quieren descansar.
Finjo estar ocupada, y es agonizante.
No encuentro otra manera de sobrevivir si no es ahogando todo lo que habita en mí.
Quisiera escapar de esta tormenta, calmar el viento y las olas que arrasan con cada centímetro de mis deseos y quienes graban el "no puedo" en la punta de mi lengua.
Siento desear tan fuerte que arrasaría ciudades y provocaría terremotos.
Pero me siento en una encrucijada en donde mi única salida implica volar.
Y no puedo.
¿Cuándo dejaré de ser una isla?

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