Ya no existen títulos que reflejen algo
Te imaginas caer por las torres, nadando en gritos insufribles que ya nada tienen para decir. Siento escuchar los silencios de mil fantasmas deambulando por las calles desiertas. No puedo acariciar tu pelo, ni sentir tus manos No veo más que reproducciones de una misma cara No veo la oscuridad que atenta la seguridad de nuestras almas, porque eso es único No encuentro el hilo que sigue después de esto Las mariposas siguen muriendo El monarca que vi deambular, ya no existe -Me veo y no me encuentro- El sello que marca mis muñecas, como ley marcial. Y lo auténtico entonces, dura un suspiro. No puedo hablar con tantas metáforas porque la tierra está temblando Y no puedo respirar y siento que alguien aquí adentro me arrastra y siento tan frió, y tan sola, y tan vacío, y tan rota, -que mi voz ya no me pertenece.- -No estás sola-, me repito. -No lo estás- escribo en mi espejo. Y sigo sin poder respirar.