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Ya no existen títulos que reflejen algo

Te imaginas caer por las torres, nadando en gritos insufribles que ya nada tienen para decir. Siento escuchar los silencios de mil fantasmas deambulando por las calles desiertas. No puedo acariciar tu pelo, ni sentir tus manos No veo más que reproducciones de una misma cara No veo la oscuridad que atenta la seguridad de nuestras almas, porque eso es único No encuentro el hilo que sigue después de esto Las mariposas siguen muriendo El monarca que vi deambular, ya no existe -Me veo y no me encuentro- El sello que marca mis muñecas,  como ley marcial. Y lo auténtico entonces,   dura un suspiro. No puedo hablar con tantas metáforas porque la tierra está temblando Y no puedo respirar y siento que alguien aquí adentro me arrastra y siento tan frió, y tan sola, y tan vacío, y tan rota, -que mi voz ya no me pertenece.- -No estás sola-, me repito. -No lo estás- escribo en mi espejo. Y sigo sin poder respirar. 

Mensaje en botella al mar

Me siento al borde del abismo y descubro que también el mar nos mira y piensa cosas, me pregunto si pensará en nuestras historias de vida, si me mira de la misma forma en que me veo yo, y si descubrió el secreto que guardan mis ojos. El aire se hace cada vez más denso, caliente y nefasto, no entiendo cómo pueden respirar con este aire, quizás a mucha gente no le cuesta pero a mí sí. Me fuerza respirar, y me cuesta avanzar en este desierto lleno de gente, pero tan vacíos. Lloro al ver mi película favorita, mis dibujos animados favoritos y mi serie preferida, y con la arena escurriéndose entre mis dedos descubro que estoy triste, pero encubro mi tristeza, prefiero estar triste sola. Hablo siempre desde un lugar frívolo, aparentando calma en medio de la tempestad, porque esta tormenta nunca termina, alejándome de mi realidad tanto como sea posible. Intento salvarme a través de estas palabras. Intento ayudarme en esta guerra interminable donde me veo naufragando entre palabr...
Perdón. Pero hay cosas que no me perdono.

A mi pequeña

No sé exactamente cómo va a seguir a partir de ahora. Vuelvo a escribir como te prometí. Hice promesas que deje de cumplir con el tiempo, y sé que estés donde estés, no estas orgullosa de mi.    Hace unos días volví a escribir   un fragmento:        “Ojalá algún día pueda escribir sobre barriletes y pájaros,          sobre el cantar del gorrión aquella madrugada          d e la calidez en la que el viento sopla sobre el mar y la hace bailar.          De cómo las hojas del árbol danzan al unísono          y de cómo la belleza está ahí, y no lo entendés.          De pronto un monarca posa sobre una flor, y otra, y otra          el barrilete no cambia de dirección y pareciera que no se mueve.          Así me siento a veces, como agua ...

Para la mujer suicida

La ceguera del rencor que curte la piel la hace frágil, quebradiza, fina, sin sostén alguno. La pared era áspera y el ladrido de aquel perro era irritante, como el sonido de la televisión. Pero un día, no importa cuál, no importa dónde, recordó la promesa que había hecho aquella niña de 4 años, un recuerdo muy vago claro está, pero lo recordó por alguna razón.   Esa niña tan pequeña se prometió una unión, aquel sueño característico de un hogar fragmentado. Una unión familiar que resultó frustrante para sus primeros años. El desengaño de un padre deshonesto, la complicidad de una traición, la humillación e inutilidad como un sentimiento, la culpabilidad como ley primera, y el amor mezclado entre todos ellos. La lealtad a la gente que amaba a pesar de todo. El fragmento de sueños que la mantenía esperanzada de que algún día todo iba a cambiar. Pero ahora, ¿Dónde está esa pequeña niña con ojos de luz, y destellos de sol? ¿Dónde está esa pequeña con rulos castaños? ¿De dónde viene ...

Sinonimia

Hay dos mujeres dentro de mí, aquella que me arrastra hasta el infierno y me susurra cosas, y la otra encadenada a una libertad que está perdida para siempre. Dicen que hay otra, más violenta como el león, con mucha sed de justicia pero aún no la conozco.  No sé quién soy cuando escribo, pero sé, que soy más yo.  No sé si alguien me entiende, pero hay tres mujeres dentro de mí, inconciliables, opuestas, y frías porque están heridas. Hay otra niña dentro de mí, que no para de gritar pero nadie la escucha. Llora en silencio y escribe para nadie. Y no me sorprende.

Suicidio

Me había enamorado de una mujer triste. La veo cruzar por la calle todas las noches y no consigue verse reflejada en cada estrella. Ella, incapaz de verse, incapaz de saberse libre, sigue caminando como un alma perdida encarcelada por sus propios muros. Le gustaba el frío y mucho más las hojas de otoño. Sufría. Sopesaban sus pensamientos. Sufría. Atosigada. Y yo lo sabía, pero nadie más. El dolor del insomnio, el color gris de sus ojeras, el peso de su espalda me hablaba y lo sentía. Le aturdía el sonido del reloj, le daba miedo el paso del tiempo y lloraba. Lloraba cada noche que no podía dormir. La podía escuchar. Le pesaban los párpados y me preguntaba ¿Esta viva o ya está muerta? Cuando la vi profundamente a los ojos puede comprender que todavía había mucha vida. Tanta vida como miedos. Muros decía yo. Muchos muros. Muchas tristezas. Muchas rajaduras. Muchas espinas. Y muchos fantasmas. ¿Cómo hago para salvarla?, siento que la estoy perdiendo. Siento como su grisácea paz se ...