A mi pequeña
No sé exactamente cómo va a seguir a partir
de ahora. Vuelvo a escribir como te prometí. Hice promesas que deje de cumplir
con el tiempo, y sé que estés donde estés, no estas orgullosa de mi.
Hace unos días volví a escribir un fragmento:
“Ojalá algún día pueda escribir sobre
barriletes y pájaros,
sobre el cantar del gorrión aquella
madrugada
de la calidez en la que el viento sopla
sobre el mar y la hace bailar.
De cómo las hojas del árbol danzan al
unísono
y de cómo la belleza está ahí, y no lo
entendés.
De pronto un monarca posa sobre una flor, y
otra, y otra
el barrilete no cambia de dirección y
pareciera que no se mueve.
Así me siento a veces, como agua estancada
y después este espacio inmenso donde cabe
la pena.
Y ojalá no puedas entenderlo”
A veces siento que es tu voz la que escucho
al final del día, a veces creo ver tus ojos, pero luego la paz se
desvanece de repente.
Ayer me acordé de las noches bajos las
estrellas en la que te preguntabas si había vida después de la muerte, si
existían los extraterrestres, y finalmente, si el mundo tenía algo bueno que
darte, y admire esa esperanza, te abrazabas a ella como una leona y realmente
creías que sí. Admire tu luz.
Ayer me dijeron que te vieron, mencionaron “sos
mi ángel”, “vos me salvaste” y realmente pienso que fue tu milagro.
Ayer me arrastre a la luz buscándote, y me
acordé de tus pesadillas y de cómo siempre te reías cuando me las contabas.
Digo “ayer” pero ese adverbio es el
presente actual, no hay mucho qué decir. No espero que me perdones, porque
todavía sangro, te hicieron daño y cada palabra es un ruido que atormenta. Ahogue
tu voz para que no te escuchen, y es que no sufro el daño que me provoco, sino
que sufro mirarme al espejo y no verte allí. No sé quién está.
Así que por favor, dejame dormir por las
noches mi niña, que no necesitas saber qué paso. Que este agujero es una herida
de bala, pero los disparos vienen de adentro.
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