Para la mujer suicida


La ceguera del rencor que curte la piel la hace frágil, quebradiza, fina, sin sostén alguno. La pared era áspera y el ladrido de aquel perro era irritante, como el sonido de la televisión. Pero un día, no importa cuál, no importa dónde, recordó la promesa que había hecho aquella niña de 4 años, un recuerdo muy vago claro está, pero lo recordó por alguna razón.  Esa niña tan pequeña se prometió una unión, aquel sueño característico de un hogar fragmentado. Una unión familiar que resultó frustrante para sus primeros años. El desengaño de un padre deshonesto, la complicidad de una traición, la humillación e inutilidad como un sentimiento, la culpabilidad como ley primera, y el amor mezclado entre todos ellos. La lealtad a la gente que amaba a pesar de todo. El fragmento de sueños que la mantenía esperanzada de que algún día todo iba a cambiar. Pero ahora, ¿Dónde está esa pequeña niña con ojos de luz, y destellos de sol? ¿Dónde está esa pequeña con rulos castaños? ¿De dónde viene esta mujer suicida?, ¿de la pequeña frustrada? o ¿de aquella que contenía tanto amor que no se puede perdonar sus errores? ¿Quién es?

 Yo soy la única que te escuchó aquella noche sollozar, la única que escucho tu tos seca después de no poder respirar. Soy tu salvadora.  ¿Quién eres mujer suicida? Y ¿Qué te hizo parar?

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