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Carta 1: Ya no somos, ni seremos jamás.

Es raro escribir desde este lugar en la que ya no estas. Es raro querer decirte cosas que antes te las podría haber dicho sin problemas. Es raro hablarle a alguien que ya no sos, porque intento buscarte entre toda esa fachada y no te encuentro. No sé quién eres ahora. Me miro al espejo y tampoco me encuentro. Yo. Que ya no sé quién soy. El tiempo pasó, y he aprendido varias cosas que ya no podré contarte, porque aquellos que fuimos ya no responden nuestras preguntas. Aquellos que ocupan nuestro lugar en nuestro asiento favorito del parque ya no somos nosotros. Te estoy escribiendo desde la calma, desde este lugar desolado y triste que siempre me perteneció, desde este lugar que una vez te permití entrar. Ya nadie recordará nuestra historia. Y yo tenía razón, te miro y no sos vos. Me miro y no soy yo. A veces lloro por las cosas que ya no son, por aquellas otra que ya no serán, como nosotros dos. Todavía recuerdo lo que me escribiste una noche y cada vez que lo pienso siendo que es...

Ya no somos los mismos

  Este sabor amargo al final del beso. Ese sabor dulce al tocar tu piel Ese dolor mío de ya no verte ahí, -donde antes eras el dueño de todos mis sueños. -

Y cada uno en su orilla, sin amarnos, ajenos.

No encuentro cuál es el balance en todo esto, tampoco le encuentro el sentido de querer explorar otros rumbos sin estar lista, y lo peor es que eso hice.  Estoy del otro lado y también de este. Estoy perdida, encerrada y agobiada. Y no encuentro la diferencia.  No entiendo cómo me puedo encontrar en dos corazones diferentes. Me pierdo en unos ojos que no son míos, en unas manos que no me tocan, en una voz que no clama mi nombre. Amo sumergirme en sus sin-sentidos. Y así, en un mar de confusiones voy caminando creyendo saber a dónde voy, intentando creer en lo que digo.  En este estruendo escucho mil voces y no sé cuál es la mía.  Amo profundamente a quien me ama, amo profundamente a esta persona que me hizo daño, que me toca, me mira y clama mi nombre. Él está en aquella orilla y yo estoy en aquí, ajenos, distantes. Sin amarnos.  Yo estoy de este lado de la orilla y tú estas junto a mi. Mirando. Amándonos Todo escuece en este invierno frío pero todo cambia cuand...

Vida

Imagen
  Hace tanto tiempo que no escribo, y eso que me he sentido rota y vacía. He sentido la angustia en este tiempo en el que no me encuentro, y he sentido ese tipo de dolor que te hace conectar con todo. Con cada célula de tu cuerpo y el dolor de las hojas, las ranas, las arañas y los sauces llorones que no dejan de llorar.    Me perdí en otras bocas y en otros cuerpos vacíos, una vez más. Y una vez más lamentándome de las pequeñas pero fugaces ilusiones, que se apagan como el titilar de las estrellas en el cielo.  Una vez más siento que la vida pasa frente a mí y me paralizo, me enredo, me ato, y no salgo de este remolino incesante que no me deja vivir.    No quiero aferrarme a nada, no sé si eso es cobardía o inteligencia, porque sé que nada de esto me pertenece.   Y es que no entiendo  por qué  tanta tristeza.   

Recuerdos: capítulo 5

 Fue cuando se dio cuenta y escribió: "Los recuerdos no tienen que ser siempre dolorosos, yo lo puedo mantener vivo en mi memoria recreando una y otra vez aquellos momentos felices". -Cuando más lo recuerdo así, más feliz me puedo mantener- se dijo así misma. 

Ruptura

  De vez en cuando me encuentro tildada pensándonos, preguntándome si sigues siendo el hombre que conocí aquella mañana de sábado y quisiera hablarte de mis nuevos miedos, de mis sueños raros, de que me encuentro mirando nuestras fotos antes de dormir.    Pienso, que ya no seremos aquellas personas que fuimos en esas fotografías. A veces me consuela pensar de que las rupturas mejoran las relaciones y una vez que atravesemos esta soledad nos volveremos a elegir   Aunque tal vez tenías razón.   También puedo empezar a ver un futuro en el que ya no estás.    Hablo de ti desde la dulzura de la calma aunque es raro hablarle a alguien que ya no eres, yo, que ya no sé quién soy.   Tú y yo ya no somos nosotros, pero seguimos siéndolo en el lugar  al que voy cuando tengo frío. 

Ya no existen títulos que reflejen algo

Te imaginas caer por las torres, nadando en gritos insufribles que ya nada tienen para decir. Siento escuchar los silencios de mil fantasmas deambulando por las calles desiertas. No puedo acariciar tu pelo, ni sentir tus manos No veo más que reproducciones de una misma cara No veo la oscuridad que atenta la seguridad de nuestras almas, porque eso es único No encuentro el hilo que sigue después de esto Las mariposas siguen muriendo El monarca que vi deambular, ya no existe -Me veo y no me encuentro- El sello que marca mis muñecas,  como ley marcial. Y lo auténtico entonces,   dura un suspiro. No puedo hablar con tantas metáforas porque la tierra está temblando Y no puedo respirar y siento que alguien aquí adentro me arrastra y siento tan frió, y tan sola, y tan vacío, y tan rota, -que mi voz ya no me pertenece.- -No estás sola-, me repito. -No lo estás- escribo en mi espejo. Y sigo sin poder respirar.