Lo que eramos.
Lo aposté todo. Puse todo lo que tenía en tus manos. Puse en ellas mis sueños contigo, un futuro a tu lado y el compromiso más importante de todos: un lucharé hasta el final. Un final que, por suerte o por desgracia, ha llegado para deshacer las expectativas que ya no estábamos cumpliendo. Porque no, ya no llegábamos a la altura de lo que un día fuimos, ni a la altura de lo que los dos nos merecíamos que fuera. Lo siento. Siento sentir aún tu último abrazo . Siento soñarte sin querer, despertarme con la respiración entrecortada, que se me desgarre el alma y que cada uno de tus recuerdos me arañe el corazón. Porque sí, ya me llegas en color sepia, difuminado en nitidez y provocándome suspiros cargados de algo muy diferente a lo que alimentaba los primeros que escuchabas cerca de tu oído. Y ahora, y comenzando a ser consciente de la suerte que he tenido de que aparecieras en mi vida, lloro cada recuerdo mientras me despido de ellos diciéndoles “me alegr...