El peligro de perderlo todo


          Me quejo de la luz diciendo que me destruye, me quedo con la noche para saciar mi sed de sangre.
          Luego alguien pregunta,-¿en qué pensas cuando ignoras la vida, tu vida y la de los demás?-.
 -Uno no piensa cuando es feliz, menos cuando está sumido en el dolor. Hay que estar muy sano para resistir la tentación de lastimarse- Respondí al eco. Y sentí una mirada extrañada por un momento y se desvanece, como una grisácea paz.

           No lo entiende. Ahora, en este momento no puedo cerrar nada. Estoy sumergida en las manos que me faltan, en esos labios que ahora solo lastiman. Sigo sumergida en el océano de esos ojos, que me ahogan en cada paso. No puedo mirar hacia atrás sin derrumbarme, pero es inevitable hurgar ahí donde duele. Sin embargo entendí, que uno puede gastar toda una vida en comprender que ya no le aman, porque para entonces ya quemé mil ciudades y me destruí al final.
           Hace muchos años descubrí lo peligroso que es perderlo todo, no es la soledad, la decepción ni la tristeza, sino la indiferencia porque el café sabe a café, el sol sigue ardiendo, el cielo se ve exactamente igual todas las mañanas, y nada es ni demasiado bueno ni demasiado malo. Todo se convierte en algo inerte y estático, pero el mundo sigue girando dejándome atrás.  Y ya no quiero seguir cavando mi propia tumba, ya no quiero ser el trozo de cristal ni la muchacha con el corazón en los pies. Ya no quiero escuchar más cristales rotos cuando bailo. Quiero seguir soñando con un mañana que despeje mis cielos y deshaga mis tormentas. Quiero que mi isla siga siendo isla y que los visitantes mojen los pies en la arena, sin irme a ningún lugar con quien no me reconozca, ni dar respuestas a quien no acepte mis preguntas y no me iré con aquel que me abandone de la única forma que conozco: dejándome ir, porque sé que me voy antes de ver como no vuelven. Ahora soy libre del frió de tu tacto, libres de caídas, libre de tu abandono, libre de suelos y libre de vos. Ya no duele el cristal, pero vuelvo a ser desierto y sé,  que el silencio hace mayor ruido que tus quejas. Por si no lo sabias yo quería ser feliz, pero llegaste a interrumpirlo todo. Sé que no alcanza, pero perdonáme por no ser suficiente y no demostrarte la belleza de mi amor, ésa que estaba sensible a tu tacto. Perdonáme, no soy tan fuerte.  

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