Carta II: El derrumbe.


Sé que debo irme de aquí, pero sólo estoy esperando.

Todo lo que me hace daño no lo puedes ver, como éstas rajaduras que también llevan tu nombre.
Sé lo que es estar del otro lado. Sé lo que es caer en el abismo, o estar mirando mientras alguien cae.
Sé cómo duele, y sé cómo arde.
Sé que alguna vez fui luz iluminando tu ciudad y quizás fue suficiente, pero nunca lo fuiste para mí.
Estoy en este punto medio congelando mis emociones y tratando de retener lo inevitable: el derrumbe. Construí ciudades aquí adentro con tus restos por si intentabas regresar en todo este tiempo, pero también sé que tuve la culpa de irme antes de ver como no volvías.
Necesito que sepas lo que está pasando adentro: intento tapar este agujero de bala con la frialdad que me caracterizaba antes de conocerte, hace ya varios años. Yo sé que sientes el daño que me estoy haciendo, estoy tapando este agujero porque si vuelve a sangrar, volverán las lágrimas. Pero amo profundamente a esas personas que me hicieron daño y te amé a vos más que a cualquiera, más que a nadie.
Solo sé que puedo ver tu reflejo en mi reflejo, que algo tuyo quedo dentro de mí, que tu media sonrisa y los “te quiero” que nos dijimos están escritas en el cielo de mis mañanas.
Sé que jugamos a ser ciegos y destrozarnos en cada rincón. Sé que me llenaste de luz con esas mismas manos con las que hoy me devuelves. Sé que estábamos ciegos de amor y borrachos de fuego. Ese fuego que aún me lo guardo por si en alguna vuelta giras la cabeza para mirarme, por si volves.
Sé que no apareceré. Sé que ya no estas esperandome detrás de la puerta.
Sé que sostienes otras manos que no son las mías.
Sé que te extrañaré con los huesos y el silencio.
Sé que les hablaré a mis fantasmas de tu fuego, de tu amor y luz, porque ya no encuentro respuestas a mis acciones. Y nadie sabrá cómo hacías para calmar esta tormenta en mi isla, y llevarme al cielo con tus manos.
Sé que pasará un tiempo hasta que pueda abrazar una vez más, que pueda sostener otras manos que no fueran las mías. Que pueda perderme en otro brillo que no fuera el tuyo.
Sé que esto pasará y volveré a ser la dueña de mis noches. 
Sé que rápido dejará de pasar nada y no tendré nada que contar.
Sé que dejaré de sentir este vacío irreparable donde ya no entra nadie, porque la única manera de evitar el derrumbe es llenándola de silencio, y de soledad.

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