Las grietas tambien llevan nombres.



No puedo echarte de mis recuerdos,
sólo a aprender a vivir sin vos,
porque sé
que sos inmune al tiempo,
aunque ya no te quiera,

                                  o eso creo.

                                  Si al final
                                  cuando morimos somos juzgados en el amor,
                                  creo que me gane un pedacito de cielo.

Y en ese intento de olvido
me rompí una costilla,
abastecí a mil ciudades con agua salada
y aquí sigo de pie frente a esta grieta,
abriéndola en cada invierno,
porque todavía la sigo confundiendo con heridas,
y sentí desear tan fuerte que arrasaría países a través de huracanes y terremotos.


Siempre termino extrañando a las personas equivocadas,
pero no te preocupes,
sé que estábamos destinados
a no ser.

Pero no me digas que no lo intenté,
me dueles un poco cada vez que te veo,
y me rompo intentando silenciar el temblor de mis manos y mis piernas
para que no lo escuches,
pero sigo fingiendo que nada pasa
cada vez que te veo sonreírle,
pero sé también,
que nunca seré como ella.

Así que no será sorpresa
si amanezco abrazada a tus recuerdos
y me cubro con el manto del “no puedo”,
que suena a miedo.

Miedo que suena a no poder vivir,
así que sucumbí al desespero de un artista que silencia,
y seguí esperando,
como siguen las cosas que no tienen mucho sentido.

No te preocupes,
ya cerré la puerta que deje abierta
por si intentabas regresar en todos estos años.

Ya no te espero detrás.


Pero perdoname, quiero que lo sepas,
por no ser suficiente para vos,
por no encontrar otra manera de salvarnos
que no implicara abandonarnos.

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