Un cuento breve



No voy a decirte lo que se suele decir en estas situaciones, que yo estaré bien. Que al fin alguien llegará a ocupar ese lugar que yo quería para mí o que yo me voy a poder reconstruir como siempre lo he hecho desde pequeña. Que el dolor sólo será de paso, que todo esto dejará de importar rápidamente, que alguien soplará sobre mi herida y hará desaparecer tu nombre agrietado y al fin volveré a ser la dueña de mis noches. Que vos seguirás sonriendo sin sentir media culpa por el desastre que fuiste. Que dejarás de caerte en los vacíos de botellas rotas, dejará de llover en tus caminos cuando encuentres a ese alguien que partirá tu mundo en dos, y que nuevamente yo estaré bien.  Sé que una vez quizás fui suficiente y ocupé todos tus paisajes, al menos una noche. Sé que en algún punto nos sacamos del agujero al menos por un día, y me llenaste de luz en varios más, en el tiempo que fue necesario, con esas mismas manos con la que me devolviste-aunque no te diste cuenta-. Sé que jugamos a pisar el acelerador para atropellarnos y aun así supimos volver  a nuestras casas. Te esperé inmersa en el reloj, contaba las manillas restantes para poder verte otra vez, pero no volvías y seguí inmersa en el recuerdo de tus ojos y mis deseos, y no me detuviste en ningún momento en que yo me adelanté, y sabía, sabía que no me esperarías detrás de la puerta, que quisiste volver antes de irte y que te paralizó el miedo, pero entendeme, yo también tenía tanto miedo que me volvía a armar una coraza. Sé que también me fui antes de ver como no volvías, como también sé que el vuelo venció al viento. Sé que no seré capaz de hablarte porque siempre antepuse los pies de los demás antes que el mío, porque siempre tuve miedo de andar por el mundo: Sin obstáculos, libre de caídas, libre de suelos, y libre, ahora de vos.
Todavía te extraño con los huesos, con la carne y el silencio, que le hablo a mis fantasmas de tu carne hendida en las sombras de mis recuerdos, que recorrí con estos dedos desgastados tu espalda y tu cuello. Que no encontré respuestas a mis acciones, ni mis palabras, ni de los que nos pasó, y de la que nadie sabrá, nadie sabrá que fuimos al menos un cuento breve. No será tan distinto tenerte presente y olvidarte, no lo será porque en algún punto nunca nos tuvimos tan cerca como para mostrarte mis heridas.  
Sé que rápido dejará de pasar nada, que este mar salado me sanará las mismas heridas de las que hoy oculto, que todo desaparecerá y ya no tendré nada que contar: que no hable de esta soledad obligada, de este agujero inesperado, de este abandono nuestro tan frío y distante, de este vacío irreparable donde ya no entra nadie.
Pero no, no voy a decirte lo que todo el mundo ya sabe.
La única manera de vaciarse de cariño es llenándola de silencio.
Y no te culpo, quiero que lo sepas: yo también estaba perdida antes de conocerte.

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