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Mostrando entradas de agosto, 2017

Era una isla que hasta hoy no quería ser encontrada, ni querida, ni liberada.

He deseado tan fuerte, como también he perdido interés en cosas realmente importantes. La angustia está a flor de piel y tengo tantas ganas de gritar que mis cuerdas vocales ya sangran del ahogo, del dolor de una mente y unos pulmones que no quieren descansar. Finjo estar ocupada, y es agonizante. No encuentro otra manera de sobrevivir si no es ahogando todo lo que habita en mí. Quisiera escapar de esta tormenta, calmar el viento y las olas que arrasan con cada centímetro de mis deseos y quienes graban el "no puedo" en la punta de mi lengua. Siento desear tan fuerte que arrasaría ciudades y provocaría terremotos. Pero me siento en una encrucijada en donde mi única salida implica volar. Y no puedo. ¿Cuándo dejaré de ser una isla?

Alguna historia que pudo ser de amor.

Lo que nos mató no fue la rutina, ni la erosión del amor porque había amor, yo sé muy bien que había amor. No fue tu mirada superficial despreocupado de los detalles que yo vislumbraba con la intención de reafirmar un tipo de ternura que sólo después descubrí que era sólo mía. Ni la falta de ganas de estar cerca, de estar uno encima del otro. Tampoco nos mataron los demás, ni mis preocupaciones en exceso, no sé cómo explicar. Siempre nos abrazabamos con ese calorcito de la necesidad que se transmitía en nuestras miradas, la necesidad de uno y del otro. Nos sentíamos con tantas ganas al tacto que no nos alcanzaba, pero aun así cuidábamos lo posiblemente frágil de eso. Quizás solo nos entendíamos con las luces apagadas y ya no era suficiente para mí. Lo probé de todos modos. Lo probamos. Y me hiciste mucha falta, quizás eso fue lo que nos terminó de matar: Las cosas que no nos dijimos, las exclamaciones de más que yo exigía y el silencio que seguía después... esa fue la respuesta. Las e...