Hasta que un dia descubrí, que de mi boca tambien salen balas.


 "...Pero que no se me olvide,
que no se me olvide que soy mía antes que de nadie,
que llevo la falda con la que se torea,
que soy fuerte, y que ser valiente no significa no llorar."

Acaricie su cabello hasta verlo dormir, podía enredar mis dedos allí y no arrepentirme. Conocía a la perfección el caos de su pelo, la comisura de sus labios, de sus manos ásperas, de su cuello y de mis labios rozándolo, de su mirada de adulto que ha visto mucha vida, de sus costillas, piano de locura, que tocaba con las yemas de mis dedos y obtenía como resultado una sinfonía de suspiros y la piel de gallina, cómo olvidarlo. Podía ver que tenía ese caminar pausado, como queriendo esperar al mundo para poder actuar. Llegaba a entender su miedo al compromiso emocional quizás, pero luego entendí que no era miedo, el problema era en realidad, que esas caricias, esos besos jamás eran para mí. Lo miraba a los ojos y sentía sus manos tan frías como sus palabras. Era invierno hecho carne- con razón me gustaba tanto- . Pero su boca era la víctima de mis disparos y había llegado el momento de tomar unas vendas  y cubrir mis ojos. Mi gran error fue pensar que era distinta, que yo era yo, y que me iba a querer más que a las anteriores aun sabiendo cómo había sido con ellas. Quería creer en otras palabras que no fueron nunca las mías, y me parecía una realidad preciosa. Sí, estaba ciega. No podía ver que si le ponía una luna en frente iba a lamerlas hasta el final y sin culpa. Ahora sé que le encantará ser un bohemio motoquero, con un codo en la barra y con los brazos rodeados de mujeres con la que tapar tanta soledad, en su sentido más literal y más metafórico.
Sólo vendía humo, y fui inhalando el dióxido que el soltó hasta envenenarme, hasta hacerme más y más pequeña. Solía imaginar, que como a mí no iba a querer a nadie más, pero solo era una puta con privilegios y sin saberlo. 



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