Nunca podré despedirte, mientras mi corazón te siga guardando.
Lo difícil es decir adiós a alguien que quieres de verdad. De entender el porqué de los caminos bifurcados. De saber que las personas que siempre han estado contigo caminan lento, más lento en cada paso. Hasta que giras la cabeza y te das cuenta que ya no están. Se apartan para seguir su camino. Sus propios destinos. Y es entonces cuando uno se da cuenta de que está solo. Saber que nada ni nadie será igual. Seguir caminando en tu camino con la tristeza de saber que no se puede mirar el ayer con los ojos de hoy. Querer que las cosas vuelvas a ser igual, como si fueras que tú mismo no has cambiado. ¡Que locura! Desear los mismos suspiros, alegrías y besos por segunda vez. Es realmente difícil entender que las vivencias que fueron, esos ya nunca vuelven.